100 Lenguas de un viaje femenino.
La música me transportó camino a casa. Esa es una de las ventajas de cargar un "I pod" a cuesta; viajar. Porque la música transporta.
Y me vi en la copa de un árbol, brillando como cada uno de esos colores verdes que regalan reflejos cuando les toca el sol.
Pero la "cuncuna" en la que iba, me trajo a la realidad. Un frenazo producto la encerrona de un "dinosaurio amarillo", me hizo agarrarme de lo primero que estuvo frente a mi.
Podría haber sido una colegiala de haberla visto en uniforme. Podría haber sido una ejecutiva de aparecerse con traje de dos piezas. Pero no. Era solo ella.
Y mi torpeza la hizo reír haciéndola decirme algo que no pude escuchar por los casquillos de mi compañero musical. Entonces, me saqué uno. Y más se rió. Me hizo sonreír. Tanta risa me puso nerviosa. Eso no es común, suelo tener mucho control sobre mí.
Comenzó a decir algo de los "dinosaurios amarillos" y noté que quería conversa. Seguía sonriéndome -y yo ya estaba compuesta después de la frenada-.
¡¡Me estaba coqueteando!!
Ya entendiendo a dónde iba, pude volver a tener el control.
Sabrán lo que viene después...Un cigarro al bajarnos, una coca cola improvisada, una confesión -implícita- de mi gusto a lo femenino (sin jamás renegar de mi necesidad de lo masculino) y su cara, casi de alivio, al identificarse.
Jamás había estado, mi "mujer sin edad", con una fémina.
Delicioso.
Temblorcillos que excitaron mis caderas, llevaron mis dedos a sus pezones. Y bajé sin temor a desabrochar sus jeans.
Mi mujer, no era tímida, pero tampoco osada. COn cada gesto, pedía cierto tipo de autorización para conquistar mi cuerpo. Y una vez, el permiso concedido, arrasaba con fuego todo el lugar.
Fue sensual, no sexual.
Fue erótico probar la virginidad de esta mujer. Quien luego, llevó mi cabeza entre sus piernas, donde pude darle 100 lenguas de un viaje femeníno.
Fue exquisito comenzar la semana así, dulce, humedo, pasional e improvisado.
Supongo que jamás volveré a subir a ese recorrido sin una cuota de ansiedad a cuestas. Pero de seguro estaré más atenta de verla de nuevo. Y claro, ver si sube en un colegio, en una oficina o simplemente, aparece frente a mi para salvar una caída que me haga sonreír.
Y me vi en la copa de un árbol, brillando como cada uno de esos colores verdes que regalan reflejos cuando les toca el sol.
Pero la "cuncuna" en la que iba, me trajo a la realidad. Un frenazo producto la encerrona de un "dinosaurio amarillo", me hizo agarrarme de lo primero que estuvo frente a mi.
Podría haber sido una colegiala de haberla visto en uniforme. Podría haber sido una ejecutiva de aparecerse con traje de dos piezas. Pero no. Era solo ella.
Y mi torpeza la hizo reír haciéndola decirme algo que no pude escuchar por los casquillos de mi compañero musical. Entonces, me saqué uno. Y más se rió. Me hizo sonreír. Tanta risa me puso nerviosa. Eso no es común, suelo tener mucho control sobre mí.
Comenzó a decir algo de los "dinosaurios amarillos" y noté que quería conversa. Seguía sonriéndome -y yo ya estaba compuesta después de la frenada-.
¡¡Me estaba coqueteando!!
Ya entendiendo a dónde iba, pude volver a tener el control.
Sabrán lo que viene después...Un cigarro al bajarnos, una coca cola improvisada, una confesión -implícita- de mi gusto a lo femenino (sin jamás renegar de mi necesidad de lo masculino) y su cara, casi de alivio, al identificarse.
Jamás había estado, mi "mujer sin edad", con una fémina.
Delicioso.
Temblorcillos que excitaron mis caderas, llevaron mis dedos a sus pezones. Y bajé sin temor a desabrochar sus jeans.
Mi mujer, no era tímida, pero tampoco osada. COn cada gesto, pedía cierto tipo de autorización para conquistar mi cuerpo. Y una vez, el permiso concedido, arrasaba con fuego todo el lugar.
Fue sensual, no sexual.
Fue erótico probar la virginidad de esta mujer. Quien luego, llevó mi cabeza entre sus piernas, donde pude darle 100 lenguas de un viaje femeníno.
Fue exquisito comenzar la semana así, dulce, humedo, pasional e improvisado.
Supongo que jamás volveré a subir a ese recorrido sin una cuota de ansiedad a cuestas. Pero de seguro estaré más atenta de verla de nuevo. Y claro, ver si sube en un colegio, en una oficina o simplemente, aparece frente a mi para salvar una caída que me haga sonreír.
COn mi I-pod al oído nuevamente, no viajé a la copa de un árbol, me quedé en él un instante y luego, me lancé al oceano gris que me invitaba a navegar por la ciudad.

12 Comments:
Tu relato si que ha sido exquisito!
Buena lectura para antes de dormir.
GRACIAS
Creo ke independiente de ke sea la primera, la segunda o la decima vez ke se esta con alguien, nunca debe perderse esa capacidad de mezclar... ternura y pasion, esclavitud y dominio, timidez y osadia.
Saludos, intensas letras.
Interesante resultado de un encuentro inesperado, de aquellos que se sueña cuando eres una adolescente, de aquellos con que fantaseas cuando te sientes solo...
Es la gracia de vivir, disfrutar momentos que llegan sin aviso, alegran el día, la semana, la vida.
y sin duda un relato muy lindo...
hmmm, todo bien, es tu gusto, bueno a mi, me encantan todas...
Suerte en la vida real.
pd cuando escribes cosas de amor, de pasion te postean ene, pero cuando saikeas y escribes historias desangre y pasión el blog queda como "cri cri, cri cri" los puros grillos.
galla... que manera de gustarme como escribes. Te siento tan cerca, es como si te conociera de alguna parte. Probablemente en otra vida... en fin estoy pelando el cable parece.
M
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
igual, camino con ipod... pero nunca me ha pasado nada remotamente parecido. Al contario la musica me encierra.
Qué recuerdos, esos dinosaurios amarillos siempre provocan más de una historia, aunque por supuesto ellos no las cuentan tan mágicamente.
A mi lo mas chori que me paso en una micro fue una vez que me cogotearon cuando iba en el colegio....aunque tu experiencia suena mucho mejor que la mia
Saludos
muy bueno tu blog... que bueno que se cruzó por mi camino, lo seguiré leyendo, saludos
aahhh, yo quiero que me pase algo asi... cual es el recorrido?
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